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Luna llena en Libra :: cambio de juego ::

Mañana cruzamos el umbral de la luna llena en Libra. Es la segunda luna llena seguida en este signo. El mes pasado la luna hizo su oposición mensual con el sol en el grado cero de Libra y este mes lo hace en el grado 29 de este signo. Si algo nos ha traído este mes entre estas dos lunas llenas es el sentir el engranaje girar, moverse. Estamos dando los primeros pasos en el nuevo territorio del año astrológico.

Entre estas dos lunas llenas en Libra hemos tenido la primera luna nueva en Aries, el primer signo de la rueda astrológica, inicio de nuestro nuevo año astrológico. Este nuevo ciclo se abrió dentro del marco de la conjunción de Plutón con el nodo sur de la luna. Esta configuración astrológica (junto a -próximamente- la conjunción del nodo sur con Saturno) es el peso pesado de la astrología del 2019.

La combinación de la narrativa arquetípica de Plutón (muerte, destrucción) con el nodo sur de la luna (karma, herencia, pasado) en Capricornio (estructuras y autoridades internas y externas) nos habla de la disolución de un nudo kármico que ha abierto la puerta a nuevos potenciales narrativos. El acceso que tengamos a estos nuevos potenciales va a depender de nuestra capacidad de soltar el control, adaptarnos al cambio y soltar lo que ya no funciona.

Para algunos este proceso puede ser tan doloroso que preferimos arraigarnos a lo familiar y conocido, reprimiendo esta energía evolutiva. Esta estrategia nos da -a corto plazo- una sensación de seguridad, autoridad y control, sin embargo, a largo plazo tiene un costo altísimo para nuestro devenir. La invitación es a traspasar la intensidad emocional -que sin duda puede ser abrasiva, e incluso desconsoladora- para dar el paso hacia un nuevo territorio.

Este paso puede darse de varias maneras. La primera, abrazando el duelo. No podemos sostener la transformación de este momento si no sabemos honrar nuestros duelos de manera cotidiana. Si no sabemos detenernos a reconocer y honrar lo que se despide de nosotros -a pequeña y gran escala- este duelo se congela, nos congela.

Duele sí, y también libera. Para “duelar” hemos de tomarnos el tiempo para rendirnos. Hemos de tomarnos el tiempo para claudicar y llorar. Hemos de cuidar el sentir profundo que emerge, y amarlo incondicionalmente. Y para abrazar este momento, nos hemos de amar fuera de la visión (versión) idealizada que tenemos de nosotros mismos, de determinados espacios del pasado, y de ciertas relaciones. Para abrazar este momento nos hemos de amar en la derrota. Nos hemos de amar en el fracaso.

El segundo paso nos invitaría a abrir un diálogo simbólico con lo que nos pasa, y con lo que nos traspasa. A través de la expresión creativa, a través del ritual, de la ceremonia, encauzamos la energía antigua-estancada-tóxica que se quiere mover hacia fuera de nuestro campo. Nos expresamos de manera sagrada. Le damos forma a lo que nos pasa. No lo dejamos atrapado dentro, silenciado.

Si tenemos los recursos para movilizar la energía lo podemos hacer en soledad. Si no los tenemos, buscamos apoyo, ayuda, mentoría, para mover el soma atrapado en el cuerpo, que a su vez se expresa inconscientemente a través en nuestras creencias y condiciona nuestra percepción.

Un tercer paso implica reconocer nuestros errores, nuestra participación -consciente o inconsciente- en la situación que nos oprime y hiere. Esto nos habla de un reconocimiento expiatorio, sin culpa ni acusaciones, sin violencia contra nosotros mismos ni contra otros, solo la aceptación del rol de nuestra ignorancia, de nuestra vanidad, de nuestro orgullo. Esto implica algún tipo de sinceramiento o confesión que nos alivia, que nos libera. Nos liberamos de la carga de sostener un rol, una actitud, un discurso. Nos liberamos de un pasado que hemos encarnado.

Un cuarto paso no hablaría de un proceso de purificación en el que honramos, invocamos, celebramos el elemento de nuestra agua. Nos limpiamos, nos bendecimos, nos refrescamos, nos reconocemos en la transparencia del agua, espejo de lo que somos. De las aguas estancadas, turbias y tóxicas nos movemos hacia las aguas fluidas y claras.

Las ceremonias de agua nos invitan a reparar, consolar, reconciliar. Este es un buen momento para recordar que, si bien, el nodo sur en conjunción con Plutón están mostrándonos la dureza y la rigidez de lo que necesita transformación, es el nodo norte de la luna en Cáncer el que apunta hacia la puerta de crecimiento evolutivo, la solución, la resolución. Es el agua de Cáncer la que nos recuerda que sin honrar nuestras emociones más íntimas y profundas no podremos salir de la dureza, exigencia, rencor que habitan este nudo que se quiere soltar.

Plutón entonces se hace portavoz de la resurrección, y el nodo sur de la luna del saldo de algún tipo de deuda del pasado, nudo que se disuelve para dar paso a la liberación de nuestra energía creativa, evolutiva. Podemos ver esta narrativa desplegarse del micro al macro -y del macro al micro- lo que nos invita a recordar que lo colectivo es personal y lo personal es colectivo.

Bajo esta luna llena en Libra, Plutón está también haciendo un ángulo de noventa grados (cuadratura) con Eris en Aries. Este tránsito poco carteado dentro de la narrativa astrológica nos habla de un cambio de juego profundo.

Eris es el arquetipo de la aguafiestas. Eris es la que entrega la manzana de la discordia, rompe la narrativa dominante y propone un nuevo juego. Lo puede hacer desde la fuerza de la chamana, ésta siendo su dimensión más elevada; o lo puede hacer desde la ira infantil de quien quiere toda la atención para sí y no soporta no ser invitada a la fiesta. La chamana no tiene miedo a romper el juego porque sabe que éste es opresor y no nos deja evolucionar. La pataleta infantil es solo la expresión de un despecho antiguo mal gestionado. El peligro de la pataleta es que, desde este lugar, la venganza de Eris libera, sí, pero lo hace a través de daños irreparables.

Esta cuadratura de Plutón y Eris es implosiva y explosiva en la medida que nos habla de un poder femenino con un potencial de transformación monumental, y a la vez de la responsabilidad que conlleva ser portavoz, canal de este poder. La línea es muy fina.

La narrativa astrológica que nos acompaña en esta lunación nos invita a romper el hechizo de la idealización de lo femenino. Nos invita a mirar profundo en la sombra de lo femenino. Y cuando hablamos de la sombra femenina, no hablamos de la sombra fértil de la creación, no hablamos de la composta emocional que nutre la belleza del ciclo de vida muerte vida que somos. En este contexto, cuando hablamos de sombra de lo femenino, hablamos de lo corrupto, de lo perverso, de lo dañado. Hablamos de la ira reprimida, hablamos de un miedo arcaico y dominante, hablamos de la herida infectada en el corazón que envenena la percepción, que nubla el discernimiento. Hablamos de esta parte de nuestra conciencia, voz exiliada, repudiada, demonizada, avergonzada de lo femenino.

Esta configuración astrológica nos hace un llamado a cuidarnos de un despertar del poder de lo femenino que no contempla el equilibrio, la armonía, la concordia, la escucha, la diplomacia, el encuentro amoroso. Cuando el poder de lo femenino se levanta sin esta conexión con el cuidado y el cuido que el estar conscientes y presentes despierta en nosotros, entonces se hace venganza despiadada, inconciencia destructiva y sus daños son irreparables.

Y es importante aclarar que cuando hablamos de femenino nombramos lo que va más allá del género. Nombramos una fuerza arquetípica que nos habita a todas y todos. Esta aclaración es importante ya que en el espejo de los géneros vamos proyectando nuestras narrativas heridas, y nos demonizamos mutuamente, hombres y mujeres, atrapados en el nudo kármico de la guerra de géneros. Sin embargo, la narrativa astrológica nos invita a ir más allá del género para ver juntos y juntas cómo usamos este poder de lo femenino, ya sea para revindicarlo, o ya sea para atacarlo, ya sea para subirlo al pedestal, ya sea para bajarlo. La realidad es que estamos todas y todos atrapados en este nudo, cada cual desde su lado del espejo, cada cual en su narrativa proyectiva.

Ser capaces de canalizar este llamado a acoger la fuerza de esta oscuridad femenina con amor y compasión para encauzarla hacia la concordia es un gran desafío. Eris está airada, ofendida, iracunda y no tiene contención, no tiene un límite que la regule. ¿Quién se atreve a decirle a la diosa de la discordia que se apacigüe y escuche? ¿quién se atreve a ser portavoz, mediadora para empezar a dialogar con esta herida, esta fisura abismal en nuestra psiquis?

De ahí que esta luna llena en Libra, por segunda vez en este ciclo astrológico, nos recuerda el don del espejo, el poder del reflejo como herramienta de autoconocimiento. Un espejo íntimo o un espejo colectivo, ¿con qué narrativas nos identificamos, comprometemos?, ¿a qué fuerzas entregamos nuestra energía, atención ya sea a través de la idealización o del rechazo?

Y si bien es cierto que las fuerzas arquetípicas de Eris y Plutón pueden resultar atómicas en su poder transformador, están aquí para ser integradas, para ser amadas, están aquí pidiendo conciencia. Esta conciencia puede que pase por una rendición con sabor a muerte. Esta conciencia puede que implique pasar página, renunciar a una expresión familiar, despedirnos de una parte de nosotros para decir sí, para abrazar la apertura, para abrazar el nuevo juego.

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En este enlace encontrarás un artículo sobre ERIS titulado :: Eris : guerrera de lo femenino : la que cambia el juego ::

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5 comentarios sobre “Luna llena en Libra :: cambio de juego ::

  1. Muy bueno , claro , de gran importancia en este momento ! Gra ias ! Viene aclararme a lo que me estoy preparando……

  2. Hermoso texto. Muy revelador para este momento de mi evolución. Muchas gracias. Con permiso lo comparto.

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