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astrología del 2019 :: construir la esperanza ::

En este enlace encontrarás la página de TIEMPO AGUA :: CONSTRUIR LA ESPERANZA :: la astrología del 2019 para cada signo ::

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Lo que buscamos al alinearnos con el movimiento de los planetas y sus ciclos es estar en una relación armónica con el tiempo natural. No se trata de usar predicciones para dirigir nuestro camino y limitar nuestros movimientos dentro del marco de una narrativa autoritaria y limitante. Esta es una relación -una escucha- que nos habla de climas -más o menos favorables- en los cuales nos podemos o no mover.

Dentro de la narrativa del calendario gregoriano nos hemos despedido del 2018. El calendario natural, -el de las estaciones de la tierra y el sol, el del círculo del zodiaco- nos invita a no tomar este momento como un cierre. Este es el inicio de un proceso de un cierre que culmina el 20 de marzo.

Este un tiempo en el que hacemos acopio de las lecciones aprendidas e integradas desde el equinoccio de marzo del 2018. Es un tiempo en que ahorramos energía. Separamos el grano de la paja, dejamos que se asienten las lecciones de los pasados 9 meses. Es un tiempo en el que descartamos lo que ya no nos acompañará en el próximo ciclo solar que comienza a mediados de marzo.

Para quien nos tomamos el tiempo de honrar este proceso de escucha e integración, revelaciones sorprendentes nutren y fertilizan la tierra en la cual sembraremos nuestras semillas en el equinoccio de marzo.

Tomarnos el tiempo es la lección de este momento. Tomarnos en tiempo es honrar la sabiduría de un proceso que acoge la quietud, la no acción, la receptividad de la tierra de Capricornio.

Las semillas de nuestras intenciones laten profundo en lo oscuro de nuestro ser. Somos fértiles y nuestras ideas y visiones brotarán a su debido tiempo. Este tiempo no es ahora. Todavía falta una parte del proceso. Todavía falta honrar los tres meses de maduración de nuestra semilla en lo oscuro. Meses de escucha. Meses de atención. Meses de cuidado.

Este tiempo es propicio para ir acompañando la semilla que crecerá, en silencio -incluso secreto- y germinará en marzo, florecerá en junio y dará sus frutos en septiembre.

Nuestra psiquis se mueve entre estas dos narrativas. La del calendario gregoriano y la del tiempo natural. Una responde al tiempo lineal, la otra al tiempo circular. Ambas convergen en nosotros.

Dicho esto, la astrología del 2019 nos habla de un cambio de registro. El 2018 ha sido un año de transición. Este proceso de transición ha sido dramáticamente encarnado a través de una serie de tránsitos consecutivos de planetas retrógrados. Esta secuencia de retrogradaciones ha frenado el curso de nuestra narrativa vital. Para muchos , el 2018 ha significado un cambio de rumbo, un cambio de valores, de ideales, de propósitos .

El 2018 también ha sido como si la historia que usábamos para navegar nuestra vida hubiese sido cuestionada hasta su raíz, para dejarnos a la intemperie, confusos y perdidos ante una realidad que colapsa veloz ante nuestros ojos, y en nuestro interior.

El 2018 estuvo lleno de viajes al pasado – voluntarios e involuntarios- en los que nos hemos visto forzados a enfrentar situaciones turbias, no resueltas. Estas situaciones ocultas en la sombra de nuestra memoria, desterradas de nuestra voluntad de acoger la verdad, al ser liberadas de su exilio nos han traído también una liberación personal.

Es probable que el 2018 nos haya dejado el legado de haberle perdido el miedo a situaciones o personas que detenía nuestra energía evolutiva, secuestraban nuestra energía vital. Desde esta perspectiva, estos pasos forzados hacia atrás, nos han revelado la magia del tiempo circular, es decir, que a veces para avanzar hacia el devenir hemos de ir hacia el pasado.

En el 2018 hemos aprendido a no perdernos. Hemos aprendido a encontrarnos. En el 2018 hemos aprendido a viajar en el tiempo y a tejer un puente entre el pasado y el futuro. Hemos aprendido a estar presentes en medio de la tormenta, de la confusión, de la pérdida. Este sentimiento de perdernos y encontrarnos es la poderosa medicina que este año maestro nos ha ofrendado.

¿qué miedo vino a tocar nuestra puerta este año? ¿qué deuda del pasado hemos asumido, saldado? ¿qué situación que habíamos tolerado ya no es parte de nuestra vida? ¿qué basta -o series de bastas- ha ido abriendo el camino hacia más salud, energía vital y creativa?

¿qué pérdida abrió de para en par nuestro corazón? ¿qué autoridad perdió su poder en nuestra vida? ¿qué parte de nosotros se ha fortalecido y ha podido poner límites dónde ante no los había?

La transición del 2018 nos ha colocado en un nuevo territorio. Tal vez el 2018 nos mostró la máscara que habíamos construido para disfrazar el rostro de nuestra verdad.  Un rostro de dolor. Un rostro que revela el trauma transparente a los ojos del mundo. Tal vez el 2018 nos ha quitado mucho y a la vez nos deja con una sensación de verdad y autenticidad que empezamos a encarnar con gratitud y cuido. Tal vez el 2018 nos ha permitido encarnarnos sin vergüenza. Nos ha permitido honrar nuestra biografía, nuestro camino, y amarlo incondicionalmente, sin necesidad de disfrazarlo, maquillarlo para ser aceptados o amados.

En la narrativa colectiva, el 2018 también nos ha revelado el colapso de un tiempo que ya no sostiene la continuidad de la vida en el planeta. Un sentimiento nos despierta a la verdad de realidad colectiva. Un sentimiento de urgencia radical nos ha invitado a colocarnos, a situarnos en un rol, en un lugar, más íntegro, más consciente. Este nuevo lugar, interno y/o externo, toma forma de respuesta, de visión, de guía para nuestro devenir.

En el 2018 hemos sentido que queremos responder al desafío de habitar este tiempo, de estar presentes, de participar dando vida al sueño de la tierra, de la vida, comprometiéndonos. Comprometiéndonos con nuestra salud, o en una relación, o con la familia, o un proyecto, una práctica. Este compromiso tiene sabor a conquista, a logro, porque nos hemos comprometido con un tiempo que honra la vida.

Algunos en el 2018 hemos necesitado el retiro, el silencio, la pausa para integrar las revelaciones del cambio de paradigma que estamos encarnando. Un cambio que nos pide que nos posicionemos, que nos activemos, que actuemos. Esta reflexión irá abriendo el camino a decisiones y acciones concretas a lo largo del 2019. Por ahora tal vez falta digerir, integrar, ajustar la visión que ha brotado de esta pausa, larga y profunda, reveladora y liberadora.

Otros más bien hemos sentido un llamado directo a la acción urgente y radical, es decir a movilizar el cambio moviéndonos hoy. Ya sea a través de proyectos creativos, asociaciones, alianzas e inversiones, hemos anclado en la materia un movimiento hacia otra manera de habitar nuestro tiempo y compartido en redes, en comunidad.

Algunos nos hemos movido entre el recogimiento y la apertura, entre la cautela y el compromiso, tanteando las aguas. Desde este lugar hemos abierto nuevos caminos mientras hemos cerrado puertas en el pasado. Puertas por las que se fugaba la energía  vital necesaria para crear y construir hoy.

Desde este lugar, de lo que nos damos cuenta hoy, es que en esos momentos en que parecía que no se movía nada -que no pasaba nada– en realidad un nuevo mundo se construía invisible. Un mundo cuyas raíces habitan la memoria de lo que somos y venimos a entregar en este tiempo, en esta tierra. Para muchos el 2018 ha sido el despertar a un propósito claro, una flecha luminosa que abre el campo de la claridad.

Este es el puente transitorio que hemos construido en el 2018. Un puente que ya nos ha colocado en una nueva realidad. Para algunos esta nueva realidad es la tierna semilla de un sentimiento, para otros es un despertar energético y para otros es el compromiso concreto con decisiones y acciones que movilizan nuestro tiempo espacio hacia otras orillas. El puente nos llevará a la realidad -tiempo espacio- que estamos llamados a habitar.

Este puente está vivo. Este puente es una herramienta. Es un recurso. Tiene valor. Nos ayuda a conectar lo que antes estaba separado, a movernos entre realidades que parecían disonantes, a escuchar los tiempos que se reúnen y quieren ser uno.

Este puente- vínculo, eslabón, vaso comunicante- nos acompaña durante el 2019 para ser fortalecido, transitado, habitado.

El 2019 tiene una atmósfera muy diferente a la del 2018. Para empezar ni Marte ni Venus – los planetas cercanos a la tierra- retrogradan este año. Chirón y Urano hacen su entrada definitiva en Aries y Tauro, respectivamente y, aunque retrograden, lo harán en el mismo signo que transitan. Los eclipses actuarán en el eje de Capricornio y Cáncer lo cual abre un nuevo territorio evolutivo vinculado a la pertenencia. Mercurio hará sus tres movimientos retrógrados en los tres signos de agua.

La buena nueva es que este año Júpiter nos acompaña hasta el 2 de diciembre en el signo de Sagitario, su propio signo. Esta es una energía con la que ya hemos podido conectar desde noviembre. La densidad energética de Júpiter en Escorpio – que nos ha acompañado a lo largo del 2018 – ha aflojado. Podemos sentir el cambio. Estamos ahora en un lugar más luminosos, más optimista.

Júpiter en Escorpio sacó a la superficie la dinámica oculta del legado ancestral de abuso energético, espiritual y sexual que permea en los canales más profundos de nuestra psiquis y que opera a través de organizaciones, instituciones, empresas, etc. Poco ha salido a la luz comparado con la verdadera proporción y dimensión del legado ancestral que domina la sombra del colectivo. Suficiente ha salido a la luz como para que un grupo crítico de personas tomara las riendas de su sanación y conquistara partes del olvidadas alma, exiliadas de la conciencia.

Este rescate de energía hecho por cada una de las personas que ha aceptado el desafío de trabajar con el legado de abuso -ya sea como víctima o como verdugo- ha abierto una brecha para la conciencia, la benevolencia y el amor colectivo. Quien ha hecho el trabajo profundo con las secuelas del trauma sabe lo valioso que es este trabajo, lo imprescindible que es.

Quienes no han podido, o no han querido, mirar más allá de la defensa de su seguridad y sobrevivencia, quienes han elegido escapar, callar, encubrir, negar, silenciar, disociar, seguir como si nada pasara tienen tal vez más dificultad en resonar con la energía expansiva y benevolente de Júpiter en Sagitario.  La rueda del zodiaco es una progresión evolutiva, el paso de un planeta por un signo no ocurre de una manera fragmentada del conjunto, es parte de un continuo. No podemos integrar la potencia luminosa de Júpiter el Sagitario si no hemos honrado la tarea iniciática de su paso por el inframundo de Escorpio.

En las primeras semanas de enero -y para la próxima luna nueva en Capricornio, el 6 de enero- Venus todavía estará transitando por los últimos grados de Escorpio. De ahí que todavía hay detonantes externos y movimientos internos que piden que los atendamos. Proyecciones -boxeo en el espejo, artes marciales energéticas, encuentros de máscaras que se entretienen entre sí con mayor o menor perversión- estas son algunas de las voces que pueden todavía ensombrecen nuestro momento vital.

La recomendación es a usar estas primeras semanas del año para mirar bien en qué área hemos negado nuestra sombra. En qué área hemos actuando con juicio, soberbia, descuido, depredación, infantilismo, exigencia. En qué área todavía estamos detrás de nuestro rol, máscara, atrapados en monólogos mentales, hostilidades pasivas. En qué área nos sentimos víctima. En qué área no nos sentimos reconocidos. Ahí, Venus todavía hace su trabajo para que salgamos de los circuitos vampíricos de nuestra mente y anclemos nuestro deseo en la sinceridad de nuestro corazón, ahí donde duele, ahí donde el agua de nuestra vulnerabilidad espera nuestra mirada y escucha.

En esta entrada del año, Venus todavía está en Escorpio, signo en el cual retrogradó el 5 de octubre del 2018. Todavía estamos recogiendo las lecciones finales de este tránsito que -junto a Mercurio retrógrado en Escorpio culminó y cerró el legado de un año de Júpiter en este signo.

En este inicio de año 2019 todavía estamos digiriendo e integrando lo aprendido en el 2018 en torno a cómo circula el poder en nuestras relaciones. Estamos reconociendo cómo la danza de la sombra en nuestros vínculos es simplemente un sistema de manejo de la energía compartida que busca regulación.

Empezamos el año con Marte en el grado cero de Aries, el grado de la humanidad. Esto coloca a nuestro planeta masculino en un rol de fuerza y liderazgo a lo largo del año. Marte, después de dos años, ha vuelto en su propia casa.  Y después de sus siete meses en Acuario (cuando retrogradó)  y ahora dos meses en Piscis, Marte cobra ahora fuerza, confianza y seguridad.

El 2018 ha sido un año difícil para la expresión de la energía de Marte. Marte nos motiva ahora a abrir camino, a ir hacia adelante. Marte recupera su poder, recupera su motivación, recupera su asertividad. Y si bien esta es una luz verde para levantarnos, desperezarnos y ponernos mano a la obra, lo ideal es esperar a que el sol entre en Aries -en marzo- para comprometernos plenamente con proyectos que requieran de nuestra energía y entrega.

Esta próxima luna nueva -el 6 de enero- abre la puerta al primer eclipse solar del año. Además, la conjunción mensual del sol y la luna estará situada entre Saturno y Pluto. Avanzamos, sí, y a la vez con un freno cauteloso.

Desde esta escucha, la recomendación es esperar a que pase esta luna nueva y eclipse el 6 de enero y que pase el eclipse lunar y luna llena del 21 de enero. Es probable que estos dos eclipses nos den una pista, una clave de algunos de los temas prioritarios para el 2019. Darle un tiempo a que estas narrativas se revelen, nos ayuda a no precipitarnos con decisiones apasionadas movilizadas por la asertividad de marte en Aries pero que no tienen el cuadro completo para ver su pertinencia, seguridad.

Y la realidad es que seguridad, permanencia y responsabilidad este es uno de los tonos temáticos del 2019. Este es un año que nos pide cuidado, cautela y que aprendamos a pensar a largo plazo. ¿qué queremos cuidar? ¿qué queremos ver crecer? ¿qué queremos que eche raíces? ¿a qué narrativa queremos pertenecer?

La metáfora para describir el tono del año es la del atletismo. Nos mueve la visión, la pasión, la entrega, pero si no nos presentamos para la práctica, si no trabajamos día a día, esta no se puede encarnar. Es decir, que con nuestro talento, nuestro genio  y nuestras buenas intenciones solamente no logramos materializar el sueño. Necesitamos dedicar tiempo, anclar la energía en la tierra y comprometernos con un proceso a largo plazo.

Este año Júpiter en Sagitario nos motiva a sentir y pensar en grande. Nos abre a la visión y nos da la fuerza motivadora para honrar el fuego espiritual que nos ilumina. Confianza, fe, esperanza : una visión positiva y afirmativa, luminosa que enciende nuestro corazón y abre nuestra corona hacia la comprensión de nuestra presencia y propósito espiritual, existencial. Esta es la energía de Júpiter en Sagitario.

La trampa está en que a lo largo del año Júpiter hace tres cuadraturas con Neptuno en Piscis. Cuando la visión se queda en el éter, cuando el sueño es solo una fantasía escapista, cuando solo queremos estar en la luz, vivir el trance ceremonial para escapar de nuestra realidad estamos en zona turbia. El 2019 nos trae una fricción entre la fantasía y la realidad, entre la ingenuidad y el discernimiento, entre el escapismo en el enraizarnos. También nos habla de esa disociación entre lo que soñamos y lo que encarnamos. Nos habla de la dificultad de realización del sueño : conectamos con narrativas y potenciales creativos y cuando intentamos llevarlos a la práctica, nos perdemos, no sabemos cómo.

La frustración que genera la separación entre nuestra visión y nuestra capacidad de encarnarla puede generar fricción y frustración, lo cual nos lleva en bucle a escapar de la densidad y gravedad de la materia en más situaciones y relaciones irreales, escapistas. Y este es el círculo vicioso que estamos llamados a romper.

Este es un año en que estamos llamados a preguntarnos -con mucha seriedad- si queremos seguir adictos -sustancias, distracciones, relaciones, dependencias, grupos- o si nos emancipamos y crecemos. Este año hay una esperanza que llama a ser construida, no solo nombrada. Una esperanza que, como aguja en un pajar en un mundo en colapso, requiere de nuestra presencia, claridad y compromiso.

El 2019 es un año en el que quienes sí construyen reconocen el valor inconmesurable del tiempo propio y ajeno. Las adicciones a la atención ajena, las relaciones narcisistas, los juegos -o jueguitos- de poder, todo esto, puede seguir alimentando la ficción de que pertenecemos a alguna historia, a algún sentido en medio del caos del colapso. La realidad es que el tiempo se ha acabado -nodo sur en Capricornio-. La realidad es que el tiempo nos llama a construir la esperanza, a no despistarnos y seguir alimentado y viviendo tiempos virtuales, tiempos falsos.

Y el tema con Neptuno es que solo nos damos cuenta de que nos hemos despistado, o que estábamos en una fantasía, después del paso del tránsito, no durante. Neptuno es la energía planetaria más difícil de manejar del zodiaco porque nos envuelve en una nube de “bienestar” que en realidad es un veneno tóxico y enajenante que nos separa de nuestro cuerpo, secuestra nuestra voluntad. Entonces el 2019 nos advierte de las trampas tóxicas disfrazadas de respuestas mesiánicas que nos invitan a la trascendencia, al vuelo espiritual, a grandes esquemas de cambios,  sin raíz, sin comunidad, sin continuidad.

Y la realidad es que este año veremos la brecha abrirse entre quienes prefieren estar en la negación y siguen en narrativas de trance, y quienes aceptan el desafío de abrazar la realidad material y de crear el cambio.

Este es el remedio de Saturno que, aunque puede parecer el aguafiestas de la celebración, es el que provee las pautas y soluciones para la realización del sueño de la tierra. La pregunta es , ¿queremos construir tiempo, o solo consumirlo?

Durante este año Saturno en Capricornio hará tres sextiles con Neptuno en Piscis. Este es el antídoto a la fantasía de evasión espiritual de Júpiter y Neptuno. Este antídoto nos habla de práctica, práctica, práctica. Nos pide foco. Presencia.

Este es un año para presentarnos, cada día, aunque duela, aunque no fluya, aunque no apetezca. Presentarnos al mat de yoga, a la mesa de dibujo, a la página en blanco, a la huerta. Presentarnos con nuestra verdad, nuestra energía, nuestras ideas, nuestras propuestas. Y si nos caemos, si nos perdemos, si no logramos sostener nuestro foco, nos volvemos a presentar, sin juicio, sin exigencias malsanas, sin disciplinas militares. Nos presentamos, sí, porque creemos en nuestro sueño. Nos presentamos, sí, porque amamos lo que hacemos y creamos. Nos presentamos, sí, enamorados. Entonces la frustración y la dificultad del día a día se integran en la confianza y amor que le tenemos a la visión del macro que nos inspira y motiva a sostener el intento.

Esta es la benévola advertencia de este año : cuidar los pasos y no dejarnos distraer por grandes sueños que pueden sonar maravillosos en el aire de la mente y la palabra pero que no encuentran camino surco hacia la tierra. Porque para construir la esperanza, hay que empezar tierra adentro, con cada soplo, cada respiración.

En enero del 2020 Júpiter entrará en Capricornio. Ahí veremos si nos despistamos o si aprovechamos el tiempo creativo que el 2019 nos ofrece.  ¿tenemos que esperar un año para saber lo que queremos? Es ahora, en este momento que tomamos la decisión. ¿cómo me coloco frente a este año? ¿qué energía siembro cada día? 

En el próximo artículo veremos el rol que tiene el agua en este proceso de construcción. Por ahora, nos quedamos aquí, con esta luz de cautela y previsión, con este llamado a madurar, con esta invitación a construir la esperanza, paso a paso, día a día.

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18 comentarios sobre “astrología del 2019 :: construir la esperanza ::

  1. Paloma siempre te leo desde Buenos Aires y comparto tus links con mujeres que amo para que lean tus aportes. Muchas gracias por tus palabras! Tenes alguna red social como instagram para seguir tu contenido más regularmente?
    Saludos!!!

  2. Querida Paloma, como siempre tus palabras son guía. Agradezco y venero tu trabajo, tu generosidad y tu luz. Tengo una preocupación estructural que transmito por si alguien desde Argentina la está teniendo también y por si pudieras, también, guiarnos en este aspecto. Más que preocupación es miedo: es miedo a un contexto que especialmente para nuestro país será de profundización radical del pensamiento binario, plagado de violencia simbólica en todas nuestras relaciones. El costado más vil de la política ya se está poniendo en marcha. El miedo es a ser arrasada en mis tiempos y escuchas propias y en mi energía vital, o tener que pagar con aislamiento para poder preservarme. Porque esos discursos y construcciones circulan desde el juicio y la sentencia. Cómo se hace para caminar un contexto así. Nuevamente y siempre, gracias Paloma. Abrazo. Sol

    1. Querida Sol, la situación que planteas en Argentina es mundial. Estamos ante una poderosa vuelta de las energías del pasado. De ahí que el llamado sea a contruir la esperanza, día a día, paso a paso. Cuando en la macropolítica la esperanza es devorada por los intereses depredadores del capital, entonces nos queda la marginalidad de la micropolítica. Esta se nutre del poder de nuestra subjetividad. Podemos vivir con el miedo, reconocerlo, honrarlo y… a la vez, que sigamos creando y creyendo, cuidando la vida y lo que amamos. (es mi perspectiva subjetiva… nutrida por teorías de Félix Guatari y Suelny Rolnik)

      Un fuerte abrazo
      Paloma

  3. Tengo mucha gratitud. Por tu creciente y expansiva labor como guía en esta compleja y profunda escucha del movimiento de las estrellas que nos ofreces a todos y a todas, que nos propones cada vez, con cada texto, con cada proyecto. Invoco para ti y para tod+s nosotr+s todo el amor – fuerza que podamos infinitamente ofrecer. Ofrecer.

  4. Gracias PALOMA. Te leo siempre. Tus palabras son. Muy clarificadoras realmente. Saludos.

  5. Paloma, bua!!!
    Es una buena toma de tierra para que no nos perdamos .
    Te estoy muy agradecida por todo el trabajo que le dedicas a hilar este conocimiento.
    Este texto me va a servir un montón.
    Recibe todo mi cariño.

    Te

  6. Gracias Paloma!
    ¿Sabemos las fechas de las cuadraturas de Júpiter con Neptuno?
    ¿Y de los sextiles de Saturno?

  7. Hermoso desafío para el 2019. Gracias por compartir toda tu sutileza y profundidad Paloma, una sabia compañía en el camino.

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