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Venus directo en Libra :: el retorno de nuestra reina del cielo ::

Ayer viernes 16 de noviembre Venus empezó su marcha directa en Libra. En las próximas semanas Venus irá recuperando velocidad, brillo y altura en nuestro cielo. También irá recorriendo el territorio cubierto durante su retrogradación que empezó el 5 de octubre en Escorpio.

El 6 de enero Venus alcanzará su máxima elongación en nuestro cielo. Este es un término astronómico que nombra el momento en que Venus alcanza su punto más alto en el cielo, en este caso del amanecer. A partir del 6 de enero, Venus irá bajando en altura y brillo, de manera escalonada, hasta desaparecer nuevamente a partir de julio del 2019.

Este momento de máxima elongación de Venus como estrella del amanecer era vista por diferentes pueblos de la antigüedad como la cúspide, como la máxima expresión, de los atributos de Venus. Entre hoy y el 6 de enero, estaremos junto a Venus experimentando el camino del retorno de nuestra estrella del amanecer. Venus retorna del inframundo y ocupa su trono como reina del cielo.

El 6 de enero es además el día en que Venus hace su ingreso en Sagitario, después de su retrogradación por Escorpio y por Libra. Entre hoy y el 6 de enero tenemos un tiempo, umbral y oportunidad para acoger, fortalecer, honrar, integrar los valores que Venus nos ha ofrendado en su viaje por su inframundo. Durante los 43 días de su retrogradación, Venus nos ha llevado a visitar tiempos y espacios del pasado en los que nuestra alma seguía obedeciendo a creencias y valores no actualizados con el presente.

Esta actualización de nuestro contrato del alma irá revelando un cambio de rumbo, una claridad creativa, un deseo renovado de compartirnos. Por ahora, estamos tiernos, recién nacidos, y merecemos cuidarnos y atendernos.

¿qué hemos rescatado del olvido? ¿qué vuelve de lejos? ¿qué nudo del pasado ha sido liberado? ¿qué contratos del alma han caducado? ¿qué deuda espiritual o material hemos saldado?

Para muchos, la luz de Venus nos ofrenda una realización íntima.  Una sensibilidad no carteada emerge en nuestro interior. Una frecuencia, una vibración, un tono armónico, un sentimiento renovado de amor hacia nuestro ser, un reconocimiento que nos despierta y enamora a una dimensión de nuestro potencial.  Para muchos, este despertar sutil de Venus nos revela una dimensión hasta ahora oculta de nuestra esencia.

Esta sensibilidad ha sido silenciada e invisibilizada detrás del velo de nuestras estrategias de sobrevivencia. Ese cuerpo de acuerdos que hemos hecho para sentirnos amados, aceptados, para pertenecer. Y ahora, nuestra armadura protectora se disuelve poco a poco gracias a las profundas aguas del inconsciente que, liberadas de la represa-represión que las contenían, ablandan nuestra contracción, negación, nuestro miedo. Entonces, emerge la luz de Venus, sentimiento sutil de un reencuentro anhelado.

Gracias al poder redentor de nuestro llanto consciente, expresión comadrona de las aguas que se han roto, renacemos. Este es el camino del retorno. De la profundidad de nuestros huesos brota delicadamente la memoria de nuestro Ser, de nuestro sí íntimo a la plenitud y a la vida. Afirmación que disuelve las fronteras, ablanda los condicionamientos del pasado, reúne lo perdido y fragmentado.

Estas voces condicionadas que -ya sea desde afuera o ya sea desde de adentro- nos han dicho, ‘no, así no eres bienvenida, así no eres amado, así no eres visto, reconocida, así no eres aceptado; eres demasiado, no eres suficiente, quién te crees que eres’. Esas voces fantasmas que se han alimentado de la creencia de que solo seremos amadas-valorados si nos movemos, si nos comportamos, de una determinada manera, en la manada, en determinadas relaciones, en nuestras comunidades.

Esta línea, este borde, tan bien custodiado por la obediencia al miedo a ser, pierde su imperio en nosotros. No hay marcha atrás, nos hemos desbordado, nos hemos salido de la línea. Nos desbordamos de amor, nos desbordamos de dolor, nos desbordamos de indignación, nos desbordamos de conciencia, nos desbordamos de realidad, nos desbordamos de belleza, nos desbordamos de emoción. ¿qué represa se ha abierto? ¿y qué emerge en cada corazón, alma, ser?

Ya no toleramos la violencia que nos ha habitado desde el desamor y la desvalorización. Esa voz que no ha dicho, ‘calla, esconde, no te muestres, sé fuerte, cumple con tu deber, obedece la ley, la forma, la norma’. Y Venus emerge, renace. Y su brillo en nuestro interior alumbra la falsedad de esta autoridad aceptada. Nos emancipamos y aceptamos que el valor, el amor, el reconocimiento que hemos aprendido a recibir a través de una sobre-adaptación a la demanda ajena se libera de este contrato ancestral.

Durante este tránsito retrógrado de Venus es probable que también hayamos descubierto una brecha -separación- entre el valor de ser versus el valor de hacer. ¿nos valoramos por la totalidad de lo que somos, con nuestras luces y nuestras sombras? ¿nos valoramos por nuestros dones y talentos, y ocultamos y negamos las partes menos idealizadas de nuestro ser? ¿hemos puesto nuestra valía fuera de nosotros en nuestros proyectos, éxitos y conquistas? ¿y en nuestras relaciones, somos valorados por lo que somos, o por lo que podemos hacer por otros? ¿reconocemos las relaciones en las que se expresa esta brecha? ¿podemos reconocer las relaciones en las que hemos aceptado ser vistos o aceptado a medias? ¿hemos reconocido las relaciones en las que fluye libre la expresión de nuestra totalidad?

Si hasta ahora hemos enraizado nuestro valor propio en la tierra de nuestros éxitos y conquistas, o si estamos acostumbrados a vincularnos a través de nuestra utilidad o servicios, este retorno de Venus puede revelar un cambio inesperado de perspectiva que transforma nuestros intercambios.

Para muchos la fragmentación entre ser y hacer se hace ahora dolorosa, intolerable. Si es así, son buenas noticias, ya que esto nos habla de un fortalecimiento de nuestro sentimiento de pertenencia a nuestro ser. Nuestra valía echa raíces en un lugar más profundo, libre de las exigencias y aprobaciones externas.

Este cambio puede revelar la necesidad de corregir nuestra percepción de lo que hasta ahora hemos llamado ‘brillar’. El resplandor de Venus nos habla de la profundidad de la luz, de su raíz. Esta es la potencia que su tránsito, ciclo y geometría nos ofrece. Es una arquitectura, un mapa, una guía. Es nuestra estrella y su llamado es a seguirla.

Su brillo no es superficial. Es un brillo profundo, nutrido por la composta de los nudos desatados, de los duelos honrados, de las pérdidas aceptada, de la muerte vencida, de la dignidad recuperada. Esta es la raíz de nuestro amor propio. Desde aquí solo puede emerger nuestra auto-responsabilidad. Ya no dependemos de la mirada externa para reconocernos, ya no entregamos nuestra energía, tiempo, recurso como moneda de cambio para ser aceptadas, amados.

Este tránsito de Venus también nos habla de la construcción de un puente que une nuestra brecha interior. Esa parte de nuestro ser que Venus nos ha ayudado a rescatar necesita de este puente para retornar, para salir a la luz, para unirse al brillo y al resplandor del ser y desde ahí compartirse, tejerse hacia el mundo.

Un puente para que la parte de nuestra voz silenciada se presente. Para que diga presente.  Para que nombre lo que necesita. Para que nombremos lo que necesitamos. Para pactar. Para pedir permiso.  Para decir con claridad, ‘esto ya no lo tolero, esto ya no funciona para mi‘. Para recibir con conciencia. Para honrarnos a nosotros mismos en el espejo de nuestras relaciones. Para decir, ‘sí, me apetece, quiero’.

En este entorno, las relaciones utilitarias pierden su poder. Hemos encontrado la puerta por la cual expresarnos y presentarnos para decir sí, para decir no, plenamente, sin disociarnos en complacencias, dependencia o aprobaciones.  Esta voz que se presenta ha madurado, se ha fortalecido para nombrar, negociar, consentir -o no-  a los nuevos acuerdos o contratos afectivos, creativos, que Venus en Libra nos ofrenda.

Contratos, acuerdos, relaciones que honran nuestro ser amado, acogido, retornado de su viaje al pasado, que honran esa parte de nuestra alma que hemos rescatado del olvido. Esos acuerdos que honran el templo del amor que Venus nos revela y nos convoca a custodiar. Un templo de intimidad, afecto, construido fraternalmente con respeto y cuidado.

Este puente que tejemos desde lo profundo se ancla en la raíz del amor eterno que somos y que retorna. Esta es la voz del amor eterno que estamos llamados a encarnar en la tierra, en este tiempo. Y encarnamos esta voz honrando la totalidad de nuestro ser. Honrando nuestra luz y nuestra sombra, nuestra fuerza y nuestra vulnerabilidad, honrando nuestra herida, honrando nuestras cicatrices, sin avergonzarnos, sin culpa, sin miedo, a ser como somos y estar como estamos.

Esta es la Voz de Venus que emprende su retorno, que se eleva en brillo y altura. Desde ahí, nuestra reina del cielo dirá, ‘yo soy, yo existo, yo brillo’. Y junto a Ella, honramos la voz que renace dentro nuestro que se afirma soberana, presente.

Esta es una invitación a poner nuestra luz en primera línea, lo cual implica emerger con nuestra verdad y brillar con nuestra raíz nutrida. Implica asumir la claridad de nuestro deseo, implica habitar el poder de nuestra palabra. Implica entrar en relación y comunicarnos. Implica nombrarnos presentes en el espacio compartido con el otro.

Y es posible que crucemos este puente, y nos presentemos, sensibles, tiernos, recién nacidos, y no seamos reconocidos, ni escuchados, ni valorados como deseamos o esperamos. Es posible hasta que seamos juzgados, criticados, por desbordarnos, por salirnos de la línea, por mostrarnos libres fuera del dominio de la represión externa.

Es posible que seamos ignorados. Que no nos escuchen. Y este rechazo nos puede invitar a cuestionarnos quiénes somos. Y este cuestionamiento se hace duda fértil y fructífera que composta nuestra luz y nos fortalece para, junto a Venus, seguir creciendo.

El camino sigue y nos toca andar. Mercurio empezó ayer su marcha retrógrada en Sagitario y hará una inmersión de vuelta en Escorpio. Quedan cabos por atar, palabras que tejer, verdades que nombrar para que el puente que estamos construyendo se fortalezca, echa raíz, se haga tierra en nosotros.

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El despertar de Venus en nuestro interior es el despertar de todo lo que este planeta, energía, arquetipo nos ofrece. Y si ha estado dormida, si nos sentimos lejanos y alejadas de su magia, de su sabiduría, de su inspiración y de su poder es simplemente porque no la conocemos, no la vemos, está invisible dentro de nosotros. De ahí el convocar su despertar y su retorno.

Esta es una invitación a sincronizarnos con el nuevo ciclo de Venus que comenzó con la conjunción del sol y Venus el 26 de octubre. Semilla que nos acompañará hasta mayo del 2020.

Te invito a que te unas a LA VOZ DE VENUS para juntas y juntos caminar en la tierra con Venus en el cielo como Estrella del Amanecer y como Estrella del Atardecer. Para más información sobre este proyecto sigue este enlace ::

:: LA VOZ DE VENUS :: el RETORNO del ESPÍRITU CREATIVO FEMENINO :: del 06 de enero del 2019 al 13 de mayo del 2020 ::

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Si no has escuchando los audios de Puente Tierra :: Encarnar la Voz :: la delineación astrológica para cada signo del 2018 :: te invito a que lo hagas. Es un buen momento para recapitular nuestros pasos, honrar el territorio que hemos recorrido y tomar la oportunidad de cerrar este ciclo con conciencia.

Los audios están en el menú de la derecha, abajo. Verás que están abiertos al público. También verás que hay un enlace para hacer un donativo. Todo apoyo es bienvenido.

Estoy ahora trabajando en los contenidos de los audios del 2019 para cada signo.

Los audios para el 2019 estarán listos para mediados de Enero. En unas semanas pondré el enlace para que se unan y apoyen rumbo al 2019 :: el año en el que estamos llamados a :: CONSTRUIR LA ESPERANZA ::

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