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luna nueva en Libra :: Venus retrógrado en Escorpio :: cambio de contrato ::

VENUS empezó su marcha retrógrada en Escorpio el 5 de octubre. Este es un buen momento para recapitular qué se ha movido en nuestra vida a partir del 5 de septiembre cuando Venus empezó a transitar los grados por los cuales va  va a volver a transitar ahora. Es probable que esta recapitulación nos revele las áreas de transformación que este tránsito de Venus trae a nuestra vida. Lo que se ha movido entre el 5 de septiembre y el 5 de octubre es el mapa de un proceso en el cual estamos ahora llamados a profundizar.

Venus recupera su marcha directa el 16 de noviembre, el mismo día que Mercurio retrograda también en Escorpio. El 8 de noviembre Júpiter sale de Escorpio y se instala un año en Sagitario.

La conjunción del Sol y Venus es el 26 de octubre en Escorpio.

Durante su retrogradación Venus entra nuevamente en Libra signo desde el cual reaparecerá como estrella del amanecer el 1 de noviembre.

Venus entra nuevamente en Escorpio el 2 de diciembre y entra en Sagitario el 7 de enero del 2019. Es en este momento que cerrará el ciclo que se abre hoy con la luna nueva en Libra, signo gobernado por Venus y signo que acoge a nuestra estrella en lo profundo de su viaje por el inframundo.

En estas próximas dos semanas iré publicando una serie de textos en los que delineo las diferentes etapas del tránsito de Venus y profundizo en las dimensiones evolutivas de esta fuerza arquetípica.

Si quieres saber sobre mi nuevo proyecto :: LA VOZ DE VENUS :: el RETORNO del ESPÍRITU CREATIVO FEMENINO :: del 06 de enero del 2018 al 13 de mayo del 2020 :: acércate a este enlace.

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:: luna nueva en Libra :: Venus retrógrado en Escorpio :: renovación de nuestro contrato del alma ::

El lenguaje de la astrología nos habla de una red de interconexiones energéticas y arquetípicas que se expresan a través de ciclos temporales. Estos ciclos los podemos cartear con los tránsitos planetarios. Es a través de la correlación entre nuestros ciclos de crecimiento -evolución, creación, caos- que honramos y reconocemos la reciprocidad sincrónica entre el cielo y la tierra. Desde este reconocimiento también honramos nuestro lugar en este orden. Lugar que, ocupado con conciencia, nos hace creadores partícipes de la evolución. Es nuestra falta de conciencia -nuestra amnesia o desidia evolutiva- la que nos coloca como sujetos pasivos de las energías arquetípicas. La conciencia no está en los planetas, está en nosotros. De ahí que reconocer la sincronía cíclica de los tránsitos planetarios dentro nuestro es un acto de co-creación con el universo.

Los antiguos cartearon estos ciclos planetarios y llamaron a estas fuerzas arquetípicas dioses y diosas. Mitos transversales en todas las culturas indígenas enriquecen nuestras referencias de cómo relacionarnos con las fuerzas cósmicas. Lo que llamamos hoy astrología tiene un linaje milenario cuyas raíces unen cielo y tierra a través de las narrativas míticas de la humanidad. Este linaje contiene la memoria de una riqueza y diversidad narrativa profunda que nos vincula como puentes entre el cielo y la tierra. Las historias de las estrellas nos hablan de una relación creativa y participativa de nuestros ancestros con las fuerzas celestes. Honrar esta relación, es honrar también nuestro lugar en la tierra.

El tránsito retrógrado de los planetas nos ofrece una narrativa cíclica específica. La idea del retroceso, de volver hacia atrás, tiene un impacto vibratorio en nuestro campo energético. Como es adentro es afuera, y viceversa, de ahí que sintamos con fuerza la retrogradación de los planetas, especialmente los más cercanos a la tierra que son también los que se mueven más rápido alrededor del sol.

Cuando los planetas más lejanos de la tierra -como lo son Saturno, Urano, Neptuno, Chirón y Plutón- retrogradan solemos sentir el impacto del momento en el que paran y el momento en el que -meses después- recuperan su marcha directa. Los ciclos evolutivos de estos planetas actúan en el colectivo. Son fuerzas transpersonales. Su campo evolutivo actúa como telón de fondo de nuestras narrativas personales.  Si bien no dejan de influenciarnos profundamente -incluso en lo personal- no lo sentimos con la misma intensidad que con los planetas más cercanos a la tierra.

Cuando Mercurio, Venus y Marte -los planetas más cercanos a la tierra- retrogradan solemos sentir el impacto energético durante todo el ciclo de su retrogradación. No solo al inicio o al final del ciclo. Su influencia es personal, próxima, íntima.

La retrogradación de los tres planetas más cercanos a la tierra en un mismo año ha sido, y sigue siendo, el tema evolutivo del año.

Para muchos es como si el caos interno y externo se hubiese instalado. ¿no hay manera de volver a cómo estaban las cosas antes? ¿antes de qué? Probablemente antes de que Urano entrara en Tauro (mayo) y Chirón en Aries (abril), antes de que Marte retrogradara en Acuario en medio de una temporada de tres eclipses (junio, julio y agosto), junto a Mercurio también retrógrado.

Y justo cuando parece que recuperamos pie de estas sacudidas re-programadoras, nuestro paisaje energético vuelve a cambiar, con nuevas coordenadas evolutivas y nuevas intensidades que integrar. Esta es la temporada que navegamos bajo esta luna nueva en Libra y que nos acompaña hasta el año que viene. Y decimos navegar porque una de las características de estos próximos tres meses es el movimiento de nuestras aguas.

En esta temporada los tres signos de agua están activos a la vez. Chirón retrógrado acaba de volver a entrar en Piscis (donde, no se nos olvide, está Neptuno), Venus y Mercurio retrogradan ambos en Escorpio y el nodo de norte de la luna entra en Cáncer. Si los primeros meses del año nos sacudieron y revelaron ruptura y fragmentación, estos próximos tres meses vienen a disolver algo en lo profundo. Vienen a ablandar lo que todavía resiste ser transformado y a reunir lo que se ha fragmentado. La invitación de este tiempo es a ir más profundo. La invitación es a cruzar la puerta alquímica que el agua sanadora nos ofrenda en nuestro camino, a beber de su sabiduría, a recibir su amorosa medicina.

En este contexto la retrogradación de los planetas nos habla de lo que en shamanismo llamamos “rescate del alma”. Esta tecnología de sanación energética plantea que el alma se fragmenta a causa de eventos traumáticos. Escenas de infancia, prenatales y trans-generacionales, emergen del pasado para mostrarnos los lugares energéticos temporales en los que hemos perdido parte de nuestra alma. En este contexto perder quiere decir que la memoria somática de nuestro cuerpo está atrapada en una escena del pasado y que, gracias a nuestra presencia incondicional en el presente, somos hoy capaces de sentir y encarnar la huella somática del trauma sin escapar de él.

En la medida que no vamos al rescate de esta parte de nuestra alma, ésta sigue expresándose en nuestro presente con las coordenadas temporales en la que está congelada. De ahí que el despertar del trauma en nuestro cuerpo nos separa de la posibilidad de estar presentes. Nos disocia.

Este proceso de rescatarnos solo puede darse gracias a nuestra voluntad de acompañarnos incondicionalmente a través del dolor que emerge en nuestro cuerpo somático-emocional.  Este proceso de rescatarnos implica la recuperación de la energía vital que -en vez de moverse desde un tiempo muerto- se actualiza y se une (retorna) al movimiento del presente hacia la vida. Energía vital que necesitamos para materializar nuestras visiones creativas hoy y hacia el devenir.

De ahí que un bloqueo creativo – tome forma de crisis energética, afectiva o económica- sea un llamado de la parte de nosotros (y/o memoria de nuestro linaje) que -lista para ser liberada- alza su voz para que vayamos a su encuentro. Este proceso implica encarnar una voluntad soberana de sentir hoy -en cuerpo y alma- lo que en su momento no pudimos sostener. Porque eso que no pudimos sostener es la razón por la cual una parte de nuestra conciencia se disoció de la totalidad. Este es un mecanismo de sobrevivencia básico que -a mayor o menor- grado nos habita a todos.

Cuando emprendemos el camino de rescatarnos del pasado honramos la fuerza de nuestro corazón que con coraje y valentía está dispuesto a ir a los reinos de la muerte para traer a la vida-luz aquello que, secuestrado en el tiempo, nos hirió.

Esta es la función del agua en nuestro paisaje energético actual. Nos viene a mostrar el camino de ese amor que repara, reunifica, consuela, ablanda, suaviza, disuelve lo que se ha endurecido, roto, congelado.  Amor profundo. Amor que sana la herida arquetípica del desconsuelo, la separación y el desamor. Nos viene a mostrar el umbral del manantial en el que nos reconstruimos desde y con el sentimiento de pertenecernos plenamente a nosotros mismos.

Si algo ha desarmado el tránsito de Marte retrógrado en Acuario es un programa de autoridad mental que ha condicionado nuestras respuestas de sobrevivencia. Nos hemos quedado a la intemperie sin nuestra armadura defensiva. Esta vulnerabilidad hace que estemos mucho más abiertos y receptivos. De ahí que estas pasadas dos semanas muchos nos hayamos sentido atravesados por emociones y sentimientos de una intensidad y profundidad sobrecogedora. Chirón empezó su marcha retrógrada en Piscis y Pluto recuperó su marcha directo en Capricornio. Esta sacudida la hemos sentido como un tsunami energético, interno o externo, que ha abierto la puerta para que nuevas capas de memorias profundas brotaran a la luz de la conciencia. Es nuestro cuerpo de agua el que ha sentido esta sacudida dolorosamente liberadora.

Y es en este contexto de permeabilidad energética y emocional que entramos poco a poco en las etapas alquímicas del ciclo de Venus retrógrado en Escorpio -del 5 de octubre al 16 de noviembre- y que se prolonga energéticamente hasta finales del año.

Estamos en casa de Escorpio, lugar en el que nos adentramos en los reinos de sombra iniciática. Toda iniciación nos habla de un ciclo de vida-muerte-vida. Nuestro renacer está asegurado. Solo tenemos que aceptar la invitación a morir.

Bajo esta luna nueva en Libra el llamado es a que sembremos la semilla de la voluntad de acompañar a Venus en su viaje iniciático. De decir que sí a esta relación con esta fuerza arquetípica y energética restauradora de los patrones originales de la belleza, el equilibrio, la armonía y el amor.

La alquimia de Venus retrógrado en Escorpio nos habla de un proceso energético somático de disolución y desintoxicación de las memorias de abuso en nuestro cuerpo alma. Este tránsito nos ofrece una oportunidad única de transformar nuestro ecosistema de intercambio vincular. La manera en que hemos construido nuestras relaciones hasta ahora pasa por una profunda revisión. En este contexto, revisión implica un proceso de muerte y renacimiento.

En este contexto no solo hablamos de una renovación del campo de nuestras relaciones interpersonales sino de nuestra relación primero- y sobre todo- con nosotros mismos, con la vida, con la energía creativa, con la energía sexual, con nuestros recursos y dones y, sobre todo, con nuestros valores. Si algo viene a interrogar el tránsito de Venus retrógrado en Escorpio es si el sistema de valores con el que construimos nuestra realidad hasta ahora puede sustentar nuestro crecimiento evolutivo.

Venus nos está pidiendo un proceso alquímico de transformación personal que implica una renovación de nuestro contrato del alma. Nuestros valores son los contratos de lealtad a energías y principios que dan forma a nuestras decisiones.

Venus nos habla del gozo de sentirnos en relación con la vida. Nos habla de las coordenadas expresivas de nuestro cuerpo de placer. Para sentir placer primero tenemos que estar conectados con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y presentes. Sin esta conexión buscamos fuera de nosotros este sentimiento de pertenencia. Buscamos fuera la energía de conexión a la vida. Esta es la raíz de nuestras adicciones. Nos hacemos dependientes de la fuente de energía externa que llena el vacío de nuestra desconexión interna.

Escorpio nos habla de la fusión energética que tenemos con otras personas. En Escorpio profundizamos en las dinámicas de intercambio energético, es decir los recursos compartidos en cada una de nuestras relaciones. Escorpio nos habla de la energía ajena como recurso. Este espacio compartido es un campo emocional que implica vulnerabilidad psíquica y energética. Escorpio es el signo que nos lleva a cartear el territorio de la intimidad.

Esta luna nueva en Libra abre el portal a un proceso de recapitulación de nuestra relación con el campo energético de determinadas personas en nuestra vida. Nos habla de una reflexión orientada a liberarnos de relaciones cuyos campos energéticos compartidos no son sanos, nutritivos, equilibrado, armónicos para nosotros.

Relaciones cuyo campo energético despiertan nuestro cuerpo somático, nuestro cuerpo de dolor. Relaciones que nos hieren, nos vulneran, nos intoxican. Relaciones cuya continuidad implica una negación de nosotros mismos para nutrir la necesidad de otros. Relaciones de reclamos, demanda de ayuda, apoyo (energía) en la que no recibimos recíprocamente de vuelta la energía que entregamos.

Tal vez este es un tiempo en que nos damos cuenta de que ya no toleramos lo que hemos aprendido a tolerar hasta ahora. En este sentido el tránsito de Venus retrógrado en Escorpio nos habla de una desprogramación de un código de aceptación del abuso como un mecanismo de sobrevivencia.

Esta programación del pasado opera como un mecanismo de adaptación a la energía ajena a cambio de aceptación y pertenencia. Muchos podemos sentir cómo actualmente este programa de adaptación está perdiendo su poder en nosotros. Este proceso de liberación es un paso imprescindible para nuestra soberanía energética y creativa. De ahí que el llamado bajo esta luna nueva sea el de sostenernos en medio del caos y la disolución de este ciclo evolutivo.

Estamos en el umbral de un ciclo que -aunque nos lleve por paisajes del inframundo- tiene un potencial liberador profundo que nos habla de un renacer. Un renacer encarnado de belleza, equilibrio y armonía.

Pero para poder encarnar estos valores necesitamos honrar la muerte de una parte de nosotros que se ha construido a si misma en sus relaciones de una manera que ya no es propicia para el devenir. Y este proceso es doloroso, no solo por las memorias que despierta sino también porque nos habla de una desintoxicación bioquímica que nuestro cuerpo puede interpretar como una muerte.

El miedo que sentimos en medio de esta vulnerabilidad es natural, de ahí que el llamado sea a acompañarnos a nosotros mismos incondicionalmente. De ahí que el llamado sea a dejar que el agua haga su trabajo. Que disuelva, desate, limpie, sane, purifique las aguas tóxicas del pasado para llegar a ese brote de agua libre, transparente.

Estamos en el umbral de una búsqueda de visión potenciadora de más energía vital. De energía limpia, sana. De ahí que la primera fase de este tránsito de Venus se trata de desintoxicarnos emocionalmente.

Esto implica reconocer que estamos emocionalmente o afectivamente envenenados por pactos del pasado que ya no son vigentes hoy. Pactos que ya no podemos sostener porque hacerlo implica un abandono de nuestra alma y de nuestro potencial evolutivo. Pactos que nos enferman.

Es como si fuéramos ahora intolerantes a una energía que hasta ahora podíamos tolerar. Nuestro cuerpo somático está saturado. Nuestro deseo de autenticidad ha movilizado las capas tectónicas de nuestra psiquis y ya no queda lugar para el autoengaño infantil. Ya no hay otro camino que el de estar cien por ciento presentes para nosotros mismos, y eso va a implicar rupturas importantes con patrones disfuncionales en nuestras relaciones.

Este puede ser un tiempo revelador en términos de dinámicas de adicciones, sumisión, abuso de poder, abuso sexual, violencia energética, vampirismo energético, dominación, control energético. Esta es la sombra de Escorpio; y Venus en nosotros está llamada a rescatar esta parte de nuestra alma que en su tiempo aprendió a relacionarse de esta manera, desde este lugar.

Chirón -de vuelta en Piscis por última vez en 50 años- nos vuelve a sumergir en las aguas tóxicas del abuso espiritual, de la ambigüedad energética, de la separación de la totalidad y de la fuente que nos hace depender de figuras de autoridad para tener un sentido de pertenencia espiritual. El tránsito de Venus retrógrado en Escorpio funciona paralelo al de Chirón retrógrado en Piscis. Mientras Venus opera a un nivel personal, Chirón lo hace a nivel transpersonal.

Esto nos habla de una toma de conciencia de que ya no hay autoridades -puentes- entre nosotros y nuestra divinidad. Todos somos puentes soberanos y autónomos. La interrelación creativa en nuestros vínculos pasa por que cada cual pueda cultivar su propia vinculación con la fuente. Las narrativas de desvalorización, desamor y negación que entran en juego en nuestras relaciones personal son espejo de una desvalorización más amplia a nivel colectivo comunitario.

De ahí que este sea un ciclo que nos invite a desvincularnos de círculos en los que entregamos nuestra energía a causas lideradas por personas que asumen una autoridad a través de una prédica que no está encarnada en una práctica coherente.

Este es un llamado a poder observar cómo se mueven las relaciones de codependencia energética dentro de las dinámicas circulares y comunitarias. Si lo hacemos encontraremos que los patrones de abuso de poder, mal manejo de la energía sexual y económica, y la dominación y abuso de autoridad, intoxican y envenenan la realización de un sueño comunitario sano.

En este ciclo muchos sentirán la necesidad de desafiliarse de dinámicas grupales en la que han participado en el pasado desde la heridas de la codependencia y desde el paradigma de la pertenencia. Este proceso de reevaluación interpersonal, espiritual y comunitario, nos acompaña hasta enero del 2019 cuando Chirón en Piscis y Venus en Escorpio harán un trino entre sí. Un trino es un ángulo planetario armónico e integrador.

Estamos en un momento alquímico. Una oportunidad de catalizar una profunda transformación. Este es un proceso de varios meses. Venus nos ayuda a cartear, a encauzar la intensidad emocional y psíquica de este ciclo de caos creativo.

Venus está en el umbral de una zambullida sagrada, y nosotros, corazones resonantes, cuerpos vibrantes, agua que se mueve con el universo, también estamos en este umbral. En esta luna nueva decimos sí. Sí quiero que lo que tenga que morir muera, para renacer en -y con- el nuevo brillo de Venus.

Buena luna, buen camino, bellas muertes y bellos renaceres. Qué la belleza a la que Venus nos convoca nos inspire a honrar este tiempo en gracia colaborativa con el universo.

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8 comentarios sobre “luna nueva en Libra :: Venus retrógrado en Escorpio :: cambio de contrato ::

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