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luna nueva en Cáncer :: eclipse solar parcial :: encontrar refugio ::

El pasado es un lugar de referencia, no un lugar de residencia; el pasado es un lugar para aprender, no es un lugar para vivir. — Roy. T. Bennet

A nuestras almas no les gusta el estancamiento. Nuestras almas aspiran al crecimiento, es decir, a recordar todo lo que hemos olvidado debido a nuestro viaje a este lugar, la tierra. — Malidoma Patrice Somé

:: Luna nueva en Cáncer :: eclipse solar parcial :: encontrar refugio ::

El viernes en la mañana, en el hemisferio norte cruzamos el umbral de la Luna nueva en Cáncer. La reunión mensual del Sol y la Luna se da en el signo vinculado a las cualidades lunares. El signo de Cáncer, y nuestro satélite Luna, tienen un largo recorrido compartido. Nos hablan del pasado, de nuestro origen, del lugar ancestral del que venimos. Es un recorrido por la espiral de la memoria, un proceso interno gracias al cual podemos viajar en el tiempo.

Es un lugar lejano que nos habita a través de la continuidad de nuestra sangre y del código genético que somos. La Luna y Cáncer nos habla de la historia y del linaje de nuestra agua. Nuestra memoria viva en nuestras venas, células, tejidos, órganos. De ahí que este signo lunar esté vinculado a la familia, a nuestra madre, a nuestra gestación, a nuestro nacimiento.

Todo esto se expresa a través de nuestro cuerpo: ¿cómo se formó? ¿cómo estaba nuestra madre cuando crecíamos en su útero? ¿de qué se alimentó material y emocionalmente? ¿qué condicionantes influenciaron sus aguas, la nuestras? ¿cómo nos nutrió? ¿cómo fue nuestro nacimiento? ¿cómo nos cuidó o descuidó? ¿cómo era su estado emocional post parto? ¿cómo nos afectó?

Entonces, en el reino de Cáncer, los paisajes lunares nos hablan de esas improntas olvidadas que nos condicionan desde adentro, desde lo profundo de nuestras células, tejidos y órganos. De ahí que la Luna esté vinculada al inconsciente, a lo que actúa desde el invisible y influencia nuestro presente. De ahí que esté vinculada a lo somático. De ahí que la voz más poderosa de nuestro inconsciente sea nuestro cuerpo.

En esta espiral del tiempo, gracias a la conciencia y voluntad del presente, el pasado es un lugar que podemos visitar. Decidimos desde la voluntad del hoy ir hacia atrás en el tiempo a recordar, rescatar memorias, escuchar voces silenciadas, descubrir dolores ocultos, abrir puertas secretas. Lo  llamamos rescate del alma , ese proceso de recuperar partes de nuestra psiquis que se han quedado atrapadas en alguna escena que retiene la energía, la bloquea.

Esta energía retenida nos habla a través de síntomas. Síntomas corporales en la medida que nuestro cuerpo es avatar de estas memorias. Síntomas emocionales y energéticos, ya que son nuestras emociones, nuestras aguas, las que quieren moverse y circular, las que nos hablan a través de nuestras respuestas a detonantes en el presente que activan una respuesta del pasado. Síntomas mentales ya que son nuestras creencias las que determinan nuestras respuestas.

En algún momento de nuestra vida todos hemos vivido la experiencia de responder a determinada situación desde un lugar inconsciente, como si no tuviéramos potestad sobre nuestras reacciones, como si no fuéramos dueños de nosotros mismos. Las escenas del presente, detonantes de alguna memoria oculta, suelen activar nuestras respuestas defensivas. Estas respuestas hacen parte de un cuerpo energético protector, que como el caparazón del cangrejo (Cáncer) tiene la función de defender y proteger lo tierno, vulnerable, herido, sensible, blando. Estas defensas toman diferentes voces, dependiendo de cada uno. Las tres respuestas defensivas ante el stress son la parálisis o congelamiento, la huída y/o el ataque defensivo.

Esa parte de nosotros que tiene miedo a ir al pasado -a ver cuál es la impronta, la escena matriz que ha sido activada hoy- se defiende, se protege. Miedo a volver a sentir dolor. Miedo a ver la verdad. Miedo a lo desconocido que nos habita, dentro, en lo profundo. Pero si podemos reconocer la voz del síntoma como una invitación a desarmar nuestra respuesta defensiva entonces podemos liberar la parte de nuestra memoria atrapada en una impronta del pasado.

Esta liberación rescata la energía del olvido, la trae al presente. Gracias a este proceso lo que solemos sentir es más vitalidad, más liviandad y más conciencia en el poder de nuestra presencia para discernir y actuar, para crear.

Esta Luna nueva en Cáncer es también un eclipse parcial del Sol. Los nodos de la Luna siguen en el eje de Acuario y Leo pero, al estar ya en los últimos grados de su tránsito por estos signos, se solapa con el signo siguiente. Los nodos se mueven a la inversa que los planetas, de ahí que el próximo paso evolutivo del eje nodal será en Cáncer y Capricornio.

Todavía falta un eclipse lunar en Acuario (el 27 de julio) y un eclipse solar en Leo (el 11 de agosto). A parte de que ya estamos de lleno en la segunda temporada de eclipses del 2018 (febrero fue la primera), también estamos teniendo tres eclipses seguidos. Uno de ellos, en Cáncer, es un preámbulo del próximo ciclo evolutivo que empieza el 9 de noviembre de este año con la entrada del nodo norte de la Luna en Cáncer y del nodo sur de la Luna en Capricornio.

Este verano, con los eclipses de Julio y de Agosto, cerramos una fase de crecimiento vinculada al eje de Acuario y Leo. A la misma vez, ya estamos abriendo la puerta al próximo ecosistema evolutivo que nos acompañará hasta mayo del 2020.

De ahí que el paisaje de esta Luna nueva en Cáncer parezca como una burbuja que nos produce extrañeza y un sentimiento de estar descolocados o perdidos. Es un cambio de guion que interrumpe la continuidad narrativa que estamos viviendo. Es una narrativa que se solapa con otra. Es como si fuéramos en una dirección, siguiendo nuestra visión y nuestro corazón, y de pronto nos sentimos secuestrados, capturados por un ecosistema energético que nos devuelve a lugares del pasado, internos y externos, que creíamos resueltos.

Si nos sentimos atravesando paisajes espectrales, poblados de viejos fantasmas, estamos bajo los efectos de esta Luna. Si ciertos vínculos nos desafían a mirar hacia el pasado, a rescatar memorias de nuestras acciones inconscientes, estamos bajo los efectos de esta Luna. Si viejas heridas de nuestro sistema familiar emergen ahora es porque estamos bajo los efectos de esta Luna.

Si nuestro cuerpo reclama atención, descanso, cuido, mimo y silencio es que la Luna nos está hablando. Si necesitamos retirarnos para digerir e integrar la movilización tan profunda que esta Luna está haciendo de nuestras aguas, estamos escuchando la Luna y sus mensajes.

Si estamos queriendo mirar de frente al corazón de un viejo conflicto estamos escuchando esta Luna. Si estamos dispuestos a desarmar nuestras respuestas defensivas e ir al corazón de la memoria congelada que quiere fluir, estamos aceptando colaborar con la energía de esta Luna.

Este es el camino en benevolencia que esta lunación nos ofrece. Un potencial liberador y sanador profundo que pide que asumamos la valentía de no huir del pasado que nos llama hoy.

La Luna nos habla de todo nuestro linaje, nuestras abuelas y abuelos, nuestros ancestros. También nos habla del inconsciente colectivo. Es probable que los fantasmas que nos rodean en plena luz del día de hoy también sean las voces del colectivo trans-generacional que piden nuestra atención y presencia para liberar, con amor y conciencia, patrones antiguos que nos dominan desde nuestro inconsciente.

Este viaje al pasado (íntimo, vincular y transpersonal) está además acentuado por la retrogradación de Plutón y Saturno en Capricornio, Marte en Acuario y Chirón en Aries. Júpiter acaba de recuperar su marcha directa en Escorpio, lo cual nos habla de un movimiento expansivo de la energía. Sin embargo, Júpiter aún está navegando profundo en las aguas del inframundo, por lo cual no podemos contar con esta energía para aliviarnos de la pesadez y de las profundidades que esta Luna nos ofrece.

Las memorias que han estado dormidas en el inconsciente emergen. Los asuntos mal manejados del pasado se presentan para que, si podemos, nos (los) corrijamos. Las voces silenciadas de nuestro árbol genealógico -que nos hablan a través de nuestras emociones, de nuestros estados de ánimo y de nuestro cuerpo- piden luz, piden conciencia. Los miedos de nuestra infancia, los traumas de nuestro pasado, todo se mueve -como la Luna, como el tiempo- para recordarnos que esa oscuridad que parece querer arropar nuestra luz, es una voz que merece nuestra atención, escucha y presencia.

Los eclipses suelen movilizar miedos arcaicos profundo. Los antiguos decían que cada eclipse es un portal por el cual el dragón del cielo viene a mostrarnos la puerta de nuestro crecimiento. Son oportunidades de liberación y de evolución y, a la vez, traen a la conciencia paisajes que para muchos pueden ser desoladores y siniestros ya que lo que nos piden es conciencia y presencia en la oscuridad. Conciencia y presencia coronada de la valentía y la voluntad de mirar las deudas del pasado que vienen a tocar nuestra puerta, a decirnos, así no es. Es una oportunidad de desarmar patrones y crear nuevos códigos. ¿con qué propósito? ¿para qué, pregunta nuestra alma agotada?

La respuesta está en sostener nuestra intención, nuestro propósito y nuestro servicio. Hay una puerta pequeña, llamada humildad, que nos pide que volvamos a habitar lo cotidiano, que tal vez estamos atrapados en narrativas que nos quedan un poco grande y que lo que nuestro alma y cuerpo quiere es un poco de estabilidad y seguridad. Este es el tema profundo de esta lunación. ¿nos sentimos seguros? ¿estamos protegidos, cuidados?

En estos momentos, esta seguridad la encontramos gracias a Venus en Virgo que hace un trino de tierra con Urano en Tauro y Saturno en Capricornio. No es la energía más glamorosa del zodiaco, pero si la más útil y sostenedora. Venus en Virgo nos habla de usar las manos, de crear sin aspiraciones de reconocimiento y fama. Nos habla de cuidar los detalles, de honrar nuestro día a día, de habitar y embellecer el tiempo pequeño. También nos indica que encontraremos refugio en la tierra, el agua del río o del mar, las plantas y los árboles. Nos habla de honrar el lenguaje de la tierra y hacerlo nuestro a través de nuestro silencio y reverencia. Nos dice que le refugio y retorno a casa al cual aspiramos está en la tierra misma, en nuestro cuerpo mismo y en nuestras prácticas de auto-cuido.

La Luna en Cáncer hace una oposición exacta con Plutón en Capricornio. Este es un aspecto que nos habla de que el planeta más alejado de la Tierra (Plutón) y el satélite más próximo de la Tierra (Luna) se están mirando en el espejo. ¿es un reconocimiento o es una confrontación proyectiva? ¿nos atrevemos a mirarnos en nuestra sombra compartida o preferimos rechazarnos? ¿estamos dispuestos a bracear juntos los inframundos que emergen o estamos convencidos de que el inframundo es de otro, no nuestro?

Si nos hemos sentido bajo ataque, en un territorio de lucha, de confrontación en el que hemos tenido que poner límites, defender nuestra verdad y nuestro espacio, entonces estamos viviendo la dramatización proyectiva de la Luna y el eclipse. Es probable que es en nuestras relaciones interpersonales que vamos a ver cómo los espejos que antes nos devolvían nuestra luz, ahora se hacen eco de nuestra sombra.

Es más fácil ver el demonio fuera que dentro. Es más fácil luchar hacia afuera que enfrentar nuestra responsabilidad y asumir las consecuencias de nuestras acciones. Es más fácil porque es lo que hemos aprendido, a estar hacia afuera. La Luna, sin embargo, nos dice que eso que vemos afuera es un reflejo de lo que hay dentro.

La posible confusión entre lo que es de uno y lo que es de otro, nos habla de una falta de límites, de una falta de definición clara de nuestro espacio energético personal. Nos podemos sentir invadidos, violados en nuestra intimidad energética, y no saber realmente que esto está ocurriendo, porque no tenemos carteado el paisaje de nuestra sombra. Si no conocemos nuestra sombra, si no la sabemos integrar, ésta nos posee, nos toma y nos lleva a actuar con inconsciencia.

Con Marte retrógrado en Acuario y Chirón ahora retrógrado en Aries el intercambio asertivo no es tarea fácil. El intento de hacer valer nuestra verdad, de poner algún límite a la violencia mental del ataque, al sentimiento de no ser respetados, escuchados, honrados, valorados, validados, nos habla de un terreno volátil, incluso peligroso, ya que puede activar heridas profundas. ¿quién o qué situación ha abierto nuestra herida? ¿podemos reconocer y habitar el dolor o necesitamos defendernos, atacar o huir?

Tal vez la clave bajo esta Luna -y en esta temporada de eclipses- es reconocer el patrón oculto detrás de cualquier situación que nos desafía. En vez de quedarnos en la superficie de la lucha, por tener la razón o ganar, se trata de entrar en lo profundo de nuestra alma y psiquis al rescate de las memorias que quieren ser liberadas.

Quien no nos pueda escuchar o recibir tiene su trabajo que hacer.  Quien no podamos escuchar o recibir, nos invita a hacer un trabajo. Hay un tesoro oculto detrás del rechazo. Eso que rechazamos nos invita a mirar dentro nuestro para tejer un camino de aceptación. No podemos aceptar afuera lo que no hemos aceptado dentro y es esta reciprocidad dinámica la que nos invita a hacer el trabajo emocional y somático. Si solo nos queremos quedar en la superficie, si solo queremos ir hacia afuera y si vamos con prisa (voz de la inconsciencia), es muy difícil que podamos cuidarnos, que podamos cuidar, y dejarnos cuidar.

Al final, nuestra herida colectiva está en el patrón vincular materno-familiar que nos muestra que no hemos recibido lo que más necesitábamos. El cuido que necesitamos no se dio y ahora, bajo esta Luna, bajo este eclipse y en este ecosistema energético, nos damos cuenta de que no nos sabemos cuidar, que no recordamos como cuidar.

Entonces el nodo norte de la Luna nos muestra que la flecha evolutiva, colectiva y personal, está en mirar y sanar el arquetipo de la madre y su relación con nuestra niña y nuestro niño interior. Este es el portal evolutivo de las memorias uterinas, de las aguas que movemos, de las aguas que nos quieren mover. Por eso es importante que reconozcamos que cualquier proyección conflictiva en la que estemos atrapados hoy, que nos hace sentir en deuda o que somos deudores, nos devuelve al ecosistema primario del vínculo con la madre. Nos devuelve a nuestra llegada a este mundo. Nos devuelve a una herida de identidad espiritual en la que median sentimientos de abandono, exilio, desprotección.

Para muchos esta narrativa puede ser cansina. Nos podemos sentir agotados de este sentimiento de carga familiar, de estar atrapados en historias que “no son nuestras”. Si sentimos esto, es que no hemos todavía integrado dos principios fundamentales del tiempo natural. Uno, que el tiempo es cíclico y comprende un equilibrio de luz y sombra. Si negamos la sombra estamos en desequilibrio y creamos desequilibrio. El otro es que en la rueda de la vida, nuestro trabajo con el linaje y los ancestros hace parte de nuestra practica vital. Si vivimos sin cultivar una relación con nuestros muertos, si los tenemos en el olvido, en el abandono, entonces estamos bloqueando un flujo energético natural y vital para nuestra evolución.

El paisaje para muchos puede ser pesado y denso. Es natural. Estamos atravesando una tormenta energética. De ahí que vayamos con calma, cortemos con lo que haga falta cortar para cuidarnos, y nos centremos en nuestro propósito. Si buscamos refugio lo encontraremos en el reino de la tierra, sus frutos y sus flores… pero no nos olvidemos de las raíces, que no se sequen, que no caigan en el olvido ya que eso que no se ve, también es la vida.

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5 comentarios sobre “luna nueva en Cáncer :: eclipse solar parcial :: encontrar refugio ::

  1. Justo en estos días he decidido trabajar a nivel más profundo con mis traumas infantiles. Gracias a la ayuda de una persona muy profesional que llegó a mi vida cuando más la necesitaba. Este escrito lo confirma todo. Muchas gracias

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