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júpiter directo en leo :: inocencia sagrada

Ayer, miércoles, Júpiter recuperó su marcha directa en el grado 12 de Leo. Júpiter inició su marcha retrógrada el 8 de Diciembre del año pasado. Este cambio de curso del planeta de la expansión, de la sabiduría y de la abundancia nos ayuda a integrar con más fluidez y armonía las energías evolutivas de los pasados dos eclipses. Este movimiento directo de Júpiter activa el trino de fuego Urano en Aries y actúa sobre Saturno en Sagitario de manera benéfica y expansiva.

Cuando Júpiter retrocede las lecciones están enfocadas en nuestro crecimiento interior, en mirar hacia adentro y cultivar la conciencia de uno mismo. Suele ser un tiempo propicio para conectar con nuestra integridad personal más allá de las influencias externas. Solemos actuar de determinadas manera para complacer las demandas y las expectativas de otros, ya sea para estar libres de conflictos o para despertar reacciones positivas en los demás. Esta manera de acomodarnos en nuestras relaciones fortalece nuestras máscaras y nuestros roles, a menudo silenciando la expresión de nuestro verdadero Ser. En algún momento esto suele despertar nuestra rebelión interna y el fuego de nuestra verdad brota cuando menos lo esperamos. Cuando Júpiter actúa retrógrado es posible que emerja y se visibilice alguna falsedad oculta, en nosotros o en quienes nos rodean. Este es un buen momento para observar nuestra deshonestidad en la medida en que estemos atrapados en algún rol que nos hace ser desleales con nosotros mismos. Ahora con su marcha directa tenemos la oportunidad de integrar con claridad este proceso, de corregirnos de cara al futuro y de expresar esta renovada sinceridad en hacia afuera.

Marte y Venus están ahora juntos en Tauro. Al estar en el mismo signo, aunque no estén en conjunción, sus energías colaboran hacia un mismo propósito. En la astrología antigua lo llamaban “co-presencia” y, en este caso, está unión energética es una continuidad de su reciente conjunción en el primer grado de Aries, en Febrero. Esta conexión en Tauro está gobernada por Venus, que está en su propia casa donde recibe a Marte. Marte ralentiza su impulso para integrar la virtud de la lentitud y la paciencia, la perseverancia y la constancia de Tauro, herramientas vitales para que el guerrero siga su marcha evolutiva. En estos momentos ambos están enfocados en que nuestro deseos y nuestra integridad estén alienados de manera concreta y práctica.

Esta semana la velocidad de la trayectoria Venus aumenta. Nuestra Estrella del Amor sigue su curso por los signos de Géminis y Cáncer . En el mes de Junio Venus y Marte estarán separado por 42 grados y no será hasta Julio, cuando Venus reduce su velocidad, que Marte la vuelve a alcanzar. Es en Agosto que ambos planetas se vuelven a reunir en el signo de Leo. ¿cómo sentimos esta danza en nuestro interior? ¿cómo se expresan estas energías en nuestras acciones y sentimientos?

Este año estamos llamados a expandir nuestros recursos vinculares, a caminar nuevos territorios afectivos, a salir de nuestra zona cómoda y experimentar la libertad y creatividad en nuestra manera de relacionarnos. Es en el vínculo, en todas nuestras relaciones, especialmente con nosotros mismos, que encontraremos la mayor fuente de crecimiento . Este es el año del Amor y la Pasión en todas sus manifestaciones. Amor creativo, pasión por a vida, amor libre y soberano, pasión creativa.

La danza de Venus y Marte nos habla de la interrelación entre la unión y la distancia. Es probable que estemos reconfigurando nuestro paisaje psíquico y que donde antes había necesidad de fusión ahora precisamos espacio, o donde antes sentíamos desconexión ahora emerge una renovada capacidad de unión. Esta tensión evolutiva entre nuestra necesidad de entrega al vínculo y de libertad propia nos acompaña todo el año. Este nuevo territorio resignifica esa frontera llamada “relación”. En la medida que nos redefinimos internamente y nos liberamos de nuestras máscaras, roles y pieles antiguas, es inevitable que la danza en los espejos de nuestras relaciones se transforme. El amor guía los pasos de estos cambios evolutivos, ya que lo superficial muta hacia lo auténtico y fortalece el poder del amor imperecedero.

Este es un buen tiempo para no juzgar qué pasa o deja de pasar en nuestras relaciones y observar qué pasa si dejamos que el amor libre de toda proyección florezca. Los apegos, las demandas, las necesidades que depositamos en nuestras relaciones nos hablan del miedo. El fantasma del desamor, del miedo a la pérdida , sobrevuela nuestros vínculos actuales y se disfraza detrás de la dependencia, el apego y el reclamo. Pero si sabemos esperar y escuchar, si invocamos el poder de la confianza en el amor, los milagros emergen como luz que traspasa la sombra. Solo hay que creer en ellos. Este año nos ofrece una renovada Fe en le Todopoderoso Amor.

Las tres conjunciones de Venus y Marte en este año nos habla de una oportunidad de crecimiento vinculado a la forma que le damos a este amor en nuestra vida, cómo lo manifestamos, cómo lo encarnamos. Si nos refugiamos en los modelos aprendidos y heredados es probable que repitamos patrones vinculares basados en el miedo y la carencia, en querer llenar nuestro vacío con la energía, atención del otro creando relaciones de codependencia y apego. En el momento en que nos centramos en una nueva manera de relacionarnos con nosotros mismos, de ser una copa vacía que recibe el Amor del Universo, una copa que reúne Cielo y la Tierra en nuestra verticalidad, abrimos un canal de Conciencia Sagrada.

Es la unión de nuestro Espíritu y nuestra Materia que encontramos el eje de nuestra verdadera identidad y es en nuestra horizontalidad, en la unión de nuestra dualidad, en el encuentro sagrado de nuestra parte femenina y masculina, que anclamos el eje de nuestra verticalidad. En este punto alquímico de nuestro Ser, en este centro consciente e íntegro, no necesitamos que nadie nos llene ni nos complete, porque somos Unidad. Este Matrimonio Sagrado interno, llamado Hieros Gamos, abre la puerta al verdadero Amor, que se encuentra, reconoce y une con otros desde esta conciencia libre y soberana.

Este es un proceso de sanación y de reconciliación personal y colectivo y requiere fe, valor, confianza, creatividad, sinceridad, autonomía, verdad e integridad para sustentarse. Esta reunión interna es fundamental en nuestro proceso evolutivo colectivo. En este sentido es importante recordar que la primera conjunción del año entre Venus y Marte se dio en el primer grado de Aries, el grado de la Humanidad, ahí donde lo personal y lo colectivo son uno.

Aries es el signo de la valentía, nos habla de un primer paso, de un salto evolutivo. También nos habla de la inocencia y la frescura de un inicio. Urano en Aries nos habla de una liberación de las cadenas de la opresión, del castigo, la culpa y la vergüenza de Ser. Este salto es apoyado por el entusiasmo expansivo de Júpiter en la medida que el grado en que hizo su marcha directa está a dos grados de donde Marte y Venus se vuelven a unir en Agosto, en Leo. Es importante no subestimar esta narrativa y, sobretodo, de anclarla primero en un proceso interno antes de quemar este fuego en el espejo de nuestras relaciones. La inmadurez de nuestro deseo nos puede hacer volátiles e ingenuos. Este es un buen tiempo para discernir y diferenciar nuestra inocencia de nuestra ingenuidad.

Estamos restaurando nuestra inocencia espiritual para dar y recibir con total libertad. La inocencia no tiene nada que ver con la edad, sino con una actitud. Emana de un corazón abierto a la alegría, al asombro. La inocencia fluye a través de nuestras intenciones, liberada de proyecciones, demandas y reclamos. Cuando somos capaces de experimentar nuestra inocencia podemos reconocer y discernir, confiados, lo falso de lo verdadero, primero en nosotros, y después fuera. Esta es la clave de la abundancia creativa, de la verdadera madurez. Su opuesto es la ingenuidad que, por el contrario, nos desvía y distrae en proyecciones infantiles y fantasías escapistas en la medida que no sabemos discernir lo que es beneficioso y sano de lo tóxico.

La inocencia nos habla de la voluntad y la intención de tratar a los demás con respeto y compasión. Quienes cultivan el arte de cuidar el amor en si mismos, están más capacitados para escuchar la voz de su intuición y el poder de su instinto. Cuando pensamos demasiado, cuando nos preocupamos, cuando anticipamos, cuando interpretamos, proyectamos memorias en el hoy que nublan la guía de nuestro corazón, las claras señales de nuestra sabiduría interna. Leo es el signo del niño Sol, de la infancia sagrada que nos habita como memoria imperecedera de que somos dioses. Júpiter en Leo directo aviva el fuego alquímico de nuestra inocencia y pureza espiritual, de nuestra sabiduría eterna. Este es un tiempo para acoger esta poderosa inocencia en nuestro centro, ahí donde nuestros amantes sagrados se reconocen y reúnen, ahí donde nos reconocemos y unimos con los demás.